Existen ocasiones en que siento que esta vida no me pertenece, en que este cuerpo no es mío, en que estas manos que digitan las letras anudadas no son más que entes con vida propia, ajenas a todo lo que soy yo.
Pero, ¿Qué soy yo?
Cuando era pequeña, recuerdo que cada domingo salía a pasear con mi papá y mi hermana. Íbamos a museos, al cerro, a caminar por Santiago...Después de pasar momentos muy deliciosos, recuerdo que siempre cuando la tarde se asomaba, yo me quedaba seria y me dedicaba a contemplar mis manos. Veía las líneas que se marcaban fuertemente en la palma, esas prolongaciones extrañas que se mueven cuando uno, supuestamente, les indica que lo hagan. Extrañamente, al realizar esta operación, me daba una angustia tremenda. Sentía que esas manos no eran mías y que ese cuerpo pequeño no me pertenecía. En ese momento miraba a mi papá, a mi hermana...y los desconocía. Pensaba en mi mamá y también la desconocía. Contemplaba a mi alrededor y todo me era inmensamente extraño. Sentía que, por primera vez, veía el mundo...y me daba miedo, sentía que, por alguna u otra razón, yo no debería estar ahí.
La angustia era bastante grande.
La verdad es que no sé porqué, siendo tan pequeña, pensaba en esas cosas en vez de tener mi mente ocupada en juegos, en los amigos o en el colegio.
Hoy en día, paso las horas mirando mi mano derecha, contemplando esa línea curva que, supuestamente, es la línea de la vida. La tengo bastante larga (eso al parecer es símbolo de longevidad), pero lo curioso es que en una parte de ella aparece otra línea que se une a ella y forman una sola. Mi interpretación (no soy quiromántica, soy sólo una persona que se hace muchas preguntas) es que mi vida se une ad eternum con otra vida que, por esas coincidencias no coincidencias, se cruzó conmigo. O yo me crucé con esa vida o lisa y llanamente ocurrió un accidente que hizo que nos encontrásemos.
Junto a esto, me ha dado por pensar estos días que mi vida en estos diecinueve años no ha sido más que una prolongación, que años que se debieron vivir, se deben vivir y se deben seguir viviendo. Y que esa otra línea ya se había cruzado con mi línea en otros puntos, pero sólo pasaba sobre el punto...Luego ellas eran separadas....
Quizás por eso, de pequeña, me asombraban tanto mis manos. Quizás ellas son el mapa de la historia, de la historia que aún no termina.
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